Mitologías a posteriori (Kiss en la Fira)

Jacobo Zabalo 18-10-2012

XIV Fira Internacional del Disc de Barcelona

Estació del Nord, 5, 6 y 7 de octubre de 2012

-Resulta un tanto extraño constatar que ciertos grupos disfrutan póstumamente de una fama que ni siquiera en su momento de máximo esplendor gozaron. Será quizás por causa de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, o quizá más bien debido a ese cierto, innegable vacío axiológico que nos afecta desde hace ya algunas décadas, acompañado inexorablemente de la consiguiente y así compensatoria necesidad de obviarlo o hallar un fundamento sustitutivo en nuevos ídolos. Arcaicamente ese era el papel de las mitologías: disponer de un listado de poderes, un panteón a veces antropomorfo para proporcionar un orden, una explicación a lo aparentemente desordenado e inexplicable del mundo.

-Cada nueva edición de la Fira del Disc abunda en una verdad no tan nueva. Es sintomática nuestra romántica regresión a la era pre-digital a través de la revalorización del vinilo y más todavía con la defensa de lo indefendible en la consideración mítica de formaciones de dudosa trascendencia, como por ejemplo el grupo Kiss; grupo a quien el evento discófilo dedicó su última edición, que no siempre tuvo las cosas fáciles en cuanto a aceptación y ventas en su tiempo histórico, y cuyas pinturas en la cara y muecas grotescas (clásica y pseudo-obscena la lengua irrumpiendo viperina y sin control fuera de la boca) no sólo no dejan indiferentes sino que en muchos casos levantan todavía pasiones. Sean cuales sean los orígenes del grupo -quien escribe reconoce no ser un especialista en la materia- desde la perspectiva actual parecería que se trata de un producto diseñado para el merchandising puro y duro. Junto con los materiales previsibles -ediciones especiales de discos emblemáticos, banderas, gorras, camisetas etc.- se encuentran en vitrinas y en algunas paradas de la feria otros objetos de culto y consumo: figuras de caucho a imagen y semejanza de los ídolos pero también en versión Mr. Potato, puzzles, y por supuesto las pertinentes pinturas de guerra. Pero atención al non plus ultra, la joya de la corona en nuestra ya entrañable y retorcidísima posmodernidad: un pack de rollos de papel higiénico con la de por sí siniestra Hello Kitty caracterizada como los miembros de Kiss, es decir travestida con sus célebres antifaces. Objeto cuya función se supone objeto de una peculiar contemplación.

-Además de la típica subasta, que en esta edición contó como siempre con entes arqueológicos de inequívoco valor desde la perspectiva mítica, e interés relativo (un clarinete de Woody Allen, pelo de Elvis Presley, o la cassette correspondiente a la maqueta que el grupo Héroes del Silencio mandó a un grupo de periodistas como avance de su disco Senderos de traición), los asistentes a la Fira pudieron deleitarse, más o menos atónitos, con la interpretación musical y puesta en escena a la usanza de los homenajeados, Kiss, por parte de un conjunto que exhibió las pinturas y ropajes oportunos. Una sensación que casi nadie quiso perderse, fuera por curiosidad, para pasar un buen rato o por mera veneración. Es evidente que la operatividad de toda mitología es a posteriori, perteneciendo los orígenes a un momento que antecede al mismo tiempo. En el caso de Kiss aquel a priori inescrutable parece sencillo de fijar. Responde en buena medida a una necesidad epocal, nacida en plena era del consumo y fecundada no obstante por la nostálgica y sempiterna reivindicación del disfraz y el enmascaramiento, la locura perfectamente necesaria del carnaval: puerta de acceso a experiencias otras, ajenas a una realidad demasiado fría y previsible, no del todo satisfactoria. Por suerte, ésta no es la única maniobra de evasión que permite que nos reencontremos con una plenitud mítica. Para gustos, los colores.

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