Raphael en japonés

Jacobo Zabalo 15-10-2011

XII Fira Internacional del Disc de Barcelona

Estació del Nord, 7, 8 y 9 de octubre de 2011

-Una nueva edición de la Fira del Disc, segunda del 2011, la celebrada el fin de semana pasado, siguiendo el carácter semestral de los últimos años. Reincidir en la buena salud del vinilo parece, por todo ello, innecesario. Se confirma el hecho, no tan paradójico teniendo en cuenta el clásico anti-pragmatismo del ser humano, que los nuevos formatos de portabilidad y consumo musical no sólo no han desplazado a otros mucho más farragosos sino que ha supuesto un acicate romántico para su revival (lean el magistral relato de Cortázar "Pérdida y recuperación del pelo" en Historias de Cronopios y de famas todos aquellos que, como quien escribe estas líneas, acumulan kilos, kilos y más kilos de vinilos que holgadamente cabrían en un disco duro externo de última generación).

Así pues, no dejan de darse situaciones llamativas, en este contexto. Diríase que es la tónica. Asumiendo que las extravagancias del coleccionismo son infinitas, sus derroteros completamente inescrutables, cabe destacar una nueva perplejidad: y es que la existencia de ferias como la presente se sostiene en buena medida gracias a la música de rock duro, y todos sus derivados (heavy, trash, etc.), géneros que surgieron a finales de los setenta y florecieron en los ochenta, en pleno declive del vinilo y consolidación -por no decir edad de oro- de la ya prácticamente desaparecida cassette. Es llamativo que el principal (si bien no único) objeto de culto en eventos de este tipo se prodigue en grabaciones del género musical que precisamente lo vio decaer, primero debido a la versatilidad y manipulación que ofrecían las audio cassettes o tapes y luego por la fidelidad en la reproducción sonora del compact disc. El número de ejemplares a la venta y los propios vendedores confiesan que hoy en día interesa menos el jazz y poco o nada la música clásica (para desazón de algunos coleccionistas que, como un servidor, tiene legión de ejemplares de que deshacerse para recuperar espacio vital, mayormente); jazz y clásica, los dos géneros que, junto con las diferentes modalidades de easy-listening, fomentaron el auge y triunfo del formato long-play (LP). Difícilmente se ha superado la calidad sonora de los Columbia de finales de los 50, caracterizados por los célebres six-eye (con seis logos, en la etiqueta del vinilo, en alusión a los aparatos empleados para registro musical). Vinilos que dieron soporte por ejemplo a títulos tan irrepetibles como Kind of Blue o a muchas de las (por otra parte escasas) grabaciones de Glenn Gould. Difícilmente se encuentran ejemplares de este tipo, de obligado transporte transatlántico, si bien es aún posible rastrear alguna que otra referencia de la gloria pasada, época dorada del vinilo.

-Con el noble propósito de captar la atención del público, la mayoría de paradas, que como cada año provienen de cada rincón de la península y de Europa, cuentan con una serie de portadas colgadas en paneles a la vista de todos. Exotismo y sensualidad, grafismos de otra época que nunca pudieron parecer más modernos que en la actualidad, buen y mal gusto extremos en fascinante pot-pourri... Como en la vida misma, se traza el fresco de la real en los diseños de las portadas de los LPs; una inversión artística inevitablemente disminuida en las carátulas de los CDs, hoy en día prácticamente desaparecida, convertida en mero objeto de veneración de unos cuantos y plagio por parte de diseñadores que calladamente se alimentan de la sobreabundancia creativa de los años cincuenta y sesenta. Es lo que tiene la posmodernidad, uno puede re-crear lo creado sin necesidad de realizar el esfuerzo o poseer la creatividad del original. Basta con captar la validez de lo remoto y reubicarlo como profundamente actual. Mientras escribo esto suena Raphael en japonés por la Radio del circuito interno (antes lo había hecho, en el mismo idioma, Marisol), y el efecto global es inefable. Porque no tan lejos de mi posición se oye un tema de AC/DC, y el folclórico orientalizado se solapa a los riffs de Angus y los grititos del vocalista de turno. Todo de una posmodernidad sobrecogedora. Una atmosfera fascinante, si bien aleatoriamente edificada, que a ninguno de entre ese puñado de DJs que cobran decenas de miles de euros por noche (más que cualquier concertista dicho sea de paso) se le podría haber ocurrido. ¡Completamente inaceptable que una remezcla como esta no se encuentre en su abc cotidiano!

-A propósito de la difusión del evento en que todo ello tiene lugar, lo cierto es que es muy destacable, en esta ocasión, la presencia de medios de información. Además de Com Ràdio, que simultáneamente divulga productos extraños y hace a pie de calle entrevistas, como la realizada a un niño de nueve años (todo un riesgo preguntarle por las lindezas del vinilo a una de esas personitas con tendencia a decir las verdades, especialmente si familiarizada desde siempre con formatos como Mp3 y plataformas como Spotify), se han visto cámaras de televisión y un micrófono de Rtve. Siendo un poco malpensado -quién sabe- puede ser que haya contribuido la ausencia de fútbol en este fin de semana de espléndida climatología, que invita al paseo. La Estació del Nord es especialmente agradable a primera hora de la tarde, cuando el sol, más bajo ya a estas alturas del año, se cuela por las cristaleras y dibuja en contraluz las siluetas de los curiosos. No son ejército, pero sí incondicionales.

Otra novedad de la presente edición es la exposición y venta de guitarras de segunda mano. Si bien pueden no haber pertenecido a músicos célebres, el elenco es completo; se encuentran los principales instrumentos de la historia del rock. Ya para concluir, dos palabras a propósito de la habitual subasta (menos numerosa en ítems en esta ocasión, por la concurrencia de las guitarras): junto con un pañuelo firmado por Elvis durante su servicio militar en Alemania y varios instrumentos firmados por grupos que todos conocemos, llama la atención un ejemplar del libro Sex firmado por Madonna. Sobre su firma otro vocablo complementario, a veces sinónimo, que confirma los buenos sentimientos de la que, con esa publicación, había querido reivindicarse como erotómana: Love.

Comentaris

Encara no hi ha comentaris. Fes el primer!

L'enquesta

Carregant...

Em critiques?

Fas un concert i t'agradaria que un dels nostres crítics vingués a escoltar-lo? Omple el formulari!