El Shakuhachi. Una historia de Japón, Zen y música…

Horacio Curti 05-05-2008

Un trozo de bambú. Cortado desde su raíz, secado durante años y utilizado de forma vertical; con 4 orificios al frente, 1 en la parte posterior y una embocadura cortada oblicuamente a la superficie del bambú, en el extremo superior.
A partir de las simples aperturas y cierres de los orificios se produce una escala pentatónica, de 5 sonidos. Sin embargo el instrumento es capaz de producir muchos más a partir de técnicas que involucran cambios en la embocadura, coberturas parciales en los orificios de digitación y cambios en la apertura del extremo superior. Estos sonidos varían en cuanto a la altura, incluyendo intervalos que en occidente se denominarían micro tonales y especialmente en cuanto al timbre, elemento esencial a la música japonesa.

Amantes de lo exótico o simplemente deseosos de ser sorprendidos por lo diferente, es común esperar detrás del nombre del shakuhachi un significado de poéticas reminiscencias y/o misteriosas situaciones. No nos sorprendería encontrarnos con que la palabra shakuhachi significase “el viento que agita el bambú” o algo parecido. Sin embargo la poesía había faltado a clase el día que se otorgó este nombre y nos encontramos con que el nombre shakuhachi en realidad quiere decir 54,5 centímetros. El nombre completo sería ishaku hassun (1 shaku y 8 sun) derivado de una antigua unidad de medida, el shaku, que equivale a 30.3 cm, siendo el sun su décima parte. A pesar de que el nombre hace referencia a una longitud en particular (lo que posteriormente se ha hecho extensivo a una afinación en particular), en realidad todas las longitudes (afinaciones) reciben el nombre genérico de shakuhachi y cada una se identifica por su particular longitud, así tenemos nisshaku yonsun, nisshaku nanasun, isshaku rokusun entre otras. La digitación simple de un isshaku hassun producirá una escala pentatónica menor de Re, por lo cual se dice que está en Re. Estas longitudes varían normalmente entre 39 y 90 centímetros.

Origen y transformaciones

La gran mayoría de los actualmente considerados instrumentos musicales tradicionales japoneses son el resultado de la evolución, en suelo japonés, de instrumentos originados fuera de Japón. Para poder entender esto más claramente es necesario conocer…

…Algo de historia

La historia del Japón ha estado marcada por el aislamiento con respecto al exterior especialmente en lo relativo a Occidente.
La influencia occidental comenzó recién en la época de la denominada restauración Meiji (1868-1912). Hasta ese momento, el contacto había sido muy escaso, teniendo como ineludible referencia la llegada al archipiélago de los misioneros, de la mano de Francisco Xavier, hacia mediados del S XVI y siendo expulsados en masa entre los años 1612 y 1614 con la emisión de los edictos oficiales contra el cristianismo, lo que coincidió con un decidido cierre al contacto con los “bárbaros”. Pero el momento de Occidente llegó en Japón de la mano del arribo de las potencias de entonces y sus intenciones de abrir el mercado al comercio, cosa a la que Japón se resistió mientras pudo. El inicio del fin de esta resistencia lo marcó el primer arribo a costas niponas de las naves del comodoro Perry en 1853. Este, con sus naves eventualmente consiguió, quizás valiéndose por medio de amenazas, la apertura del comercio y la firma de tratados. A partir de este momento, se inicia un camino en el cual la modernidad se encuentra asociada a lo occidental, siendo éste el nuevo objeto de admiración de la nación y marcando profundamente la vida y prácticas de los japoneses de la época, entre otras cosas en todo lo que a música se refiere. Los inicios de esta época son el telón de fondo de la (apenas interesante) película “El último samurai” donde se ve justamente el fin de esta clase social.
Pero, si damos un salto atrás en el tiempo, nos encontramos con que a lo largo de su historia, este aislamiento (recordar la relación etimológica de esta palabra con la realidad geográfica del Japón) no ha sido tal con respecto a las culturas hegemónicas de la zona, aquellas de los reinos de China y Corea, quienes marcaron fuertemente su desarrollo cultural.
De estas culturas, las más refinadas y elaboradas en la época y región, el Japón adoptó entre otras cosas el modelo de escritura por ideogramas, formas de organización política, filosofía, religión y arte. El budismo entró a Japón por este camino y así lo hicieron varias formas musicales. Entre ellas, una de las primeras introducidas en el período Nara (646-794), proveniente de los reinos de Corea primero y de China después, fue el Gagaku, cuyo significado literal es “música elegante” y que era interpretada exclusivamente en la corte imperial como música de banquetes y ceremonias religiosas. De la mano de la música de Gagaku llegaron a Japón hacia el siglo VII los ancestros de los principales instrumentos musicales tradicionales japoneses actuales, el biwa, el wagon (koto), el hichiriki, el sho y también el shakuhachi. Algunos de estos instrumentos sufrieron pocos cambios y otros significativas transformaciones como es el caso del shakuhachi (que a diferencia de los antes mencionados fue excluido del Gagaku hacia el siglo IX)
La historia no es clara en cuanto al origen del shakuhachi moderno, sin embargo quizás la teoría más extendida al respecto, sea aquella que propone a este shakuhachi del período Nara-Heian, denominado Gagaku shakuhachi, como claro ancestro del instrumento actual. La forma de este Shakuhachi era diferente de la actual, siendo más delgado, alargado y con 6 orificios en lugar de los 5 actuales, como puede observarse en ilustraciones de la época y en instrumentos conservados en repositorios.

Zen, Honkyoku y Shakuhachi modern

Para continuar con la historia deberíamos dejar una página en blanco ya que no se encuentran registros del instrumento después de su exclusión de la música de Gagaku, hasta que “re-aparece” hacia el siglo XV de la mano de un grupo de “seudo monjes” denominados Komoso, “monjes de la estera de junco”, que mendigaban por Japón mientras tocaban el shakuhachi. Estos monjes se suponen predecesores de los monjes budistas Komuso de la secta Fuké. Si bien el nombre se parece notablemente y puede ser una prueba de esta relación; hay que tener en cuenta que el nombre de este segundo grupo debería ser traducido como “monjes de la nada y el vacío” lo cual no sólo comporta una diferencia notable con respecto al anterior sino que también trae consigo connotaciones más próximas a conceptos budistas.
La historia de estos monjes es oscura y llena de interesantes cuestiones, pero para nuestra historia alcanza con decir que estos monjes en sus prácticas cotidianas además de su meditación sentados, Sazen, desarrollaron otra forma de meditación que denominaron Suizen, meditación soplada. Este Suizen era una práctica individual que cada uno realizaba al soplar un shakuhachi. No consistía en un monje soplando y otros meditando mientras escuchaban, cada uno realizaba su propia práctica a partir del lema ichi on jobutsu, “alcanzar la iluminación a través de un sonido”.

Un momento peculiar este.

Resulta que para ellos el instrumento no era un instrumento musical, gakki en japonés, sino un instrumento de práctica religiosa (budista), hokki en la lengua nipona. También resulta que no improvisaban al soplar el instrumento sino que repetían unas agrupaciones sonoras que les transmitían otros monjes y este sonido no era por ellos considerado música sino “meditación sonora”. Los Komuso vivían peregrinando, soplando su shakuhachi como meditación y pidiendo limosnas, a pesar de que parece que también cumplían funciones menos pías, como espiar para el shogunato (el gobierno de la época).
El favor del poder político le valió a la secta no sólo la posibilidad de viajar libremente por todo el país (cosa relativamente difícil en esa época), sino también la exclusividad del uso del shakuhachi como herramienta de práctica religiosa. Esta exclusividad se explica quizás por el hecho de que el instrumento era considerado un instrumento religioso y no musical, un objeto para realizar la práctica del camino del dharma. Como tal, existía una estricta prohibición de tocar música con él y las agrupaciones sonoras generadas a través del instrumento no eran consideradas música sino meditaciones. Pero este romance entre la secta Komuso y el gobierno no duró eternamente. En el año 1871 el gobierno abolió la secta Fuké.

Durante la época Komuso, el instrumento adquirió sus características actuales, sufriendo cambios que involucraron una construcción a partir de bambú de mayor grosor, la eliminación de un orificio de digitación (pasando de los 6 del Gagaku shakuhachi a 5) e incluyendo la raíz en su extremo inferior. Aquí se abre otra historia interesante que sería la de las razones por las cuales se producen estos cambios. ¿Son razones religiosas, sonoras, pragmáticas? Hay muchas hipótesis entre las cuales figura una que menciona la posibilidad de que el aumento en grosor y la inclusión de la raíz puedan estar relacionadas con el hecho de que el instrumento pudiese ser utilizado también como arma defensiva (recordad que los monjes peregrinaban por los “peligrosos” caminos del Japón de la época). Pero esta… es otra historia.

Al desaparecer la secta Fuké, se liberan las restricciones que pesaban sobre el instrumento y comienza a ser utilizado en nuevos contextos musicales (de hecho ya venía siendo utilizado de forma “extraoficial”) y al mismo tiempo, un antiguo monje Komuso recopila las “organizaciones sonoras” que constituían el Suizen y comienza a trasmitirlas como música, fuera del marco religioso, con el nombre de Honkyoku, “música original”. Iniciando así lo que fuera el primer linaje de shakuhachi, el Kinko ryu.
Con el tiempo fueron surgiendo otros linajes, algunos utilizando la interpretación tanto del Honkyoku como de composiciones nuevas, otros modificando las originales y algunos otros dedicándose completamente a otras formas musicales. Así surge el concepto de Koten Honkyoku para nombrar a las piezas “tradicionales” (Koten quiere decir tradicional). Este grupo de Koten Honkyoku (alrededor de unas 36 piezas) fue transmitido de manera oral, ideándose posteriormente algunas formas de notación que nunca han pretendido ser demasiado completas ya que la enseñanza oral era y aún hoy día sigue siendo considerada como la esencia de la transmisión. Este “corpus” de “música original” está concebido casi exclusivamente como música para shakuhachi solo.
El Honkyoku es entonces heredero del Suizen, originalmente una herramienta para la meditación, hoy en día tratado por la mayoría de los intérpretes como música pero que conserva aún un profundo espíritu meditativo.

Entre las características más sobresalientes de la música Honkyoku figura el hecho de no poseer pulso determinado. Las piezas se organizan básicamente alrededor del concepto de “MA” (entre otros). El diccionario dice sobre este término: “intervalo, tiempo, pausa”, pero cuando intentamos definirlo dentro de contextos artísticos la cosa se vuelve complicada. Quizás podríamos arriesgar a decir que en el contexto de estas piezas hace referencia a una relación entre los sonidos, los silencios y las respiraciones. Tres elementos que contribuyen equilibradamente a la organización sonora de las piezas.
Cada una de estas piezas posee un espíritu particular y se espera que el intérprete recree este espíritu a partir de la creación, desde sí mismo, de un MA determinado que variará no sólo entre intérpretes sino que será único a cada interpretación. En este contexto el concepto de error se redimensiona. Los sonidos son definidos y organizados, nunca improvisados, pero al menos tan importante como la corrección en la articulación de los sonidos es la creación de un MA apropiado, y único, que forma parte de este espíritu.

A veces rotulado como “música Zen” para saciar nuestra sed de misticismo, aumentar las ventas o lo que sea, si bien el Suizen es el ancestro del Honkyoku y tiene con este una innegable (y quizás hasta obvia) relación, hay que tener en cuenta que ambos términos no son sinónimos.

Para cerrar esta historia, decir que si bien para muchos el Honkyoku sigue siendo la “música original” esencial en cuanto a origen y a las cualidades del instrumento que esta pone en juego, el shakuhachi ha trascendido ya hace tiempo este contexto. Paralelamente al proceso de nacimiento del Honkyoku (la transformación del Suizen en el Honkyoku), el instrumento comenzó a ser utilizado en varias formas musicales como el Minyo o músicas de ensamble como el Sankyoku entre otras. Mucho después llegó hasta el Jazz la Salsa la denominada música New-Age, las bandas sonoras de películas, la improvisación libre o la música clásica contemporánea occidental. Sin olvidar que aún hay gente utilizando el instrumento como herramienta de meditación, despojando su producto sonoro de consideraciones estéticas o musicales, nos encontramos con que a día de hoy existen compositores creando música para este instrumento en sitios que van desde Tokio hasta Barcelona, todo esto fruto de un proceso que probablemente comenzó en la era Meiji. Pero esa…
…es otra historia

*Horacio Curti es etnomusicólogo y maestro de shakuhachi formado en Japón. Residente en Barcelona se dedica a la interpretación y enseñanza del shakuhachi y a la investigación dentro del terreno de la música japonesa.
Más información en www.shakuhachi.es.

Algunas muestras de audio y video relacionados con el shakuhachi

- Shingetsu, Koten Honkyoku. Intérprete: Kakizakai Kaoru, de su CD Koten Shakuhachi. Fragmento

- Kikyo Genso Kyoku. Intérprete: Yokoyama Katsuya, de su cd Yokoyama Katsuya plays Fukuda Rando. Fragmento

- Haru no Umi, pieza tradicional para Koto y shakuhachi. Intérprete: Dúo Shirabe: Yoshie Sakai, koto y Horacio Curti, shakuhachi. Festival Alamar, Almeria, 2007. Fragmento

- Improvisación libre. Guitarra eléctrica y Shakuhachi. Inérpretes: Pedro Barboza, guitarra eléctrica y Horacio Curti, Shakuhachi. ESMUC, 2005

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