De héroes

María Zuazu 04-11-2009

Trip to Asia. The Quest for Harmony, de Thomas Grube
In-Edit Beefeater. 7º Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona.
1 de octubre de 2009

Después de ver Trip to Asia tienes la sensación de que la música es más grande que la vida, o, más bien, que ambas habitan dimensiones radicalmente separadas. La tensión entre sujeto y (micro)sociedad, músico y orquesta que la película explora es de algún modo análoga a la tensión entre la música como forma de comunicación hecha por y para seres humanos y esa otra música inhaprensible, perfecta y eterna cuyo anhelo tan bien despierta este filme. Sólo por eso, sólo por abrir sin quererlo un espacio para la metafísica y el deseo de lo absoluto en medio de las obras, ruidos y humos de la Gran Vía, Trip to Asia merece ser visto.

El filme de Grube acompaña y documenta a la Filarmónica de Berlín y a Simon Rattle en su gira por Pekín, Seul, Shangai, Hong Kong, Taipei y Tokio, buscando comprender cómo un puñado de personas se transforma en un organismo que excede la suma de sus habilidades individuales y dónde quedan ellos en el proceso. Las ciudades son recorridas por cámara y orquesta, entrelazadas con fragmentos de ensayos, entrevistas a los músicos y a Rattle con los números  de Una vida de héroe de Richard Strauss actuando a modo de un coro griego que dicta sentencia a la vez que puntúa el desarrollo del metraje. Todo ello permeado por la excelente banda sonora incidental de Simon Stockhausen, que juega con las grabaciones sonoras hechas durante el rodaje de forma que encarna en sonido una unión entre personajes, orquesta y espacio mucho más problemática fuera de lo musical.

Entre la antropología y el psicoanálisis, acaba venciendo el segundo y más que dibujar la etnografía de una orquesta sinfónica, el documental se aproxima y nos muestra los miedos, sueños, poderes de algunos de sus miembros y luego es Una vida de héroe la que toma la palabra, con la orquesta en su esplendor, habiendo fagocitado ya a cada uno de sus sujetos. Aunque Trip to Asia deja sin resolver el misterio de la sinergia filarmónica, da, pero sobre todo sugiere, algunas claves fundamentales de cómo se rige este microcosmos profundamente humano a su pesar.

Sarah Willis, la trompista de élite con una infancia de complejos y traumas, el violinista que huye en su bici de carreras jugándose la vida y luciendo cuadriceps ante los autobuses de Shangai o el percusionista fascinado por las 400 especies de mariposas existentes en Tailandia, son algunos de los personajes que se suceden en pantalla. Grube no cae en el facilón recurso de "enseñar la cara humana". Trip to Asia queda lejos del melodrama y de la escuela de Pedro Ruiz, y tampoco cae en el morboso recurso de mostrar los trapos sucios y miserias de un grupo que necesariamente las tiene al ser altamente jerárquico, competitivo y aglutinar un montón de egos. El testimonio de Virginie Reibel, flautista en fase de prueba de cuyo futuro en la orquesta depende este viaje, que cuenta cómo es juzgada y puesta a prueba más allá de lo profesional por sus compañeros, nos permite entrever este lado oscuro pese a la contención y sobriedad germánicas de sus palabras. Grube, en un gesto eisensteiniano y latino, monta el primer plano de la joven intérprete con el de un preciso carnicero hongkonés, luego sabremos que la chica no sobrevivió al trip to asia.

De forma transversal, aparecen algunos grandes temas sobre el ser humano y sobre lo que significa la Filarmónica de Berlín, como la soledad que se te queda pegada tras años en las que el instrumento ha sido tu mayor compañía y que revive especialmente en el desarraigo del hotel o del ambiguo sentimiento de pertenencia y de distancia a un grupo que es mucho más que humano, que es una institución, es una historia y es una tradición. Tradición que se remonta a Karajan, junto al que los miembros más longevos de la orquesta trabajaron, pasa por Abbado pero sobre todo se construye de una forma mítica. Aparte de englobar unos modos de hacer interpretativos, la tradición funciona como un principio abstracto que se superpone al grupo humano y que introduce a la Filarmónica en ese lado eterno e inhumano de la trascendencia artística. Como bien dice el solista de trompeta, "puedes decir tanto, y tantas cosas complicadas sobre la tradición que ya no sabes qué significa". 

Por encima o por al lado de la psicología humana, queda el amor a la música y la conciencia de que cada uno de ellos debe trabajar por un ideal de sonido que excede su ambición individual como músico, siendo esta conciencia quizá el único elemento que todos tienen en común y ese ideal la fuerza que les permite ser un grupo. El otro elemento es el director, Sir Simon Rattle, figura que en el caso de la Filarmónica de Berlín es elegida por los propios músicos. Rattle es una presencia constante en el documental, siempre grande, siempre brillante incluso cuando se escabulle para engullir una caña entre saludo y saludo.
Una de las cosas que más llaman la atención es la dicotomía entre el mundo de los músicos de la orquesta y Asia, mientras la banda de imagen los yuxtapone y la música de Stockhausen los vincula, no parece haber ningún tipo de intercambio entre la Filarmónica y las culturas por las que se va desplazando su burbuja. Excepto el encuentro entre los músicos y las 30000 personas que les esperan en una inmensa plaza de Taipei, en una estampa más propia de los Rolling u Obama que de Sir Simon Rattle, y las clases magistrales que algunos de los componentes dan en un conservatorio, la orquesta se abstiene de cualquier contacto con la realidad humana y cultural ante la que va a actuar. Pero este es otro tema.
El misterio de la Filarmónica de Berlín, la armonía que busca Grube posiblemente no se puede llegar a encontrar, comprender de un modo pleno, pero tampoco importa.

We are the Berlin Philharmonic Orchestra. Conductors come and go. The Berlin Philharmonic Orchestra stays.
Aline Champion (primer violín de la Filarmónica de Berlín).

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