El trabajo bien hecho no tiene fronteras

Abel Cruz Ayuso 21-07-2009

Primavera Sound 2009

No solo ha sido un gran año para el Primavera Sound Festival (se dice que este ha sido bautizado como “el año de los records”), hecho este propiciado parcialmente por la errática política de los organizadores del Summercase. El festival ha aguantado la crisis económica gracias a la acertada política de los organizadores del festival quienes, entre otros aspectos, han optado por seguir apostando por la calidad, la variedad y la sencillez musical, trayendo a grupos que difícilmente vendrían a España, sin abusar de grandes nombres que luego se demuestra que no son para tanto y yendo sobre seguro con las grandes figuras que dan lustre al evento. ¿Detalles a resaltar? Pues la consolidada variedad de las paradas en la Fira (exentas de cobro para los sellos discográficos); la recompensa para los seguidores más despiertos del festival de poder comprar un abono para la zona VIP por cuatro duros y poder disfrutar de un cómodo lugar en el que descansar y seguir planificando el listado de grupos que se van a ver a continuación; y el hecho de no abusar de las marcas comerciales para no dar una imagen demasiado corporativista. Y en lo estrictamente musical, el hecho de haber llegado a un acuerdo de colaboración con los organizadores del ATP Festival, hace un par de años, se ha revelado como provechoso para ambas partes y tiene visos de continuar en los próximos años, cosa que ha ayudado a que el festival se conozca en toda Europa (anuncios a toda página se han visto durante muchos meses en distintas publicaciones especializadas de todo el continente), aunque ello, curiosamente, no se ha traducido en un exceso de “guiris” en el Fórum de Barcelona.

Esto que acabáis de leer es solo la puntilla de las pequeñas cosas que se pueden apreciar en el Primavera Sound. Si hablamos de música, el festival ha ido, de acuerdo con el criterio de los redactores de La Porta Clàssica (LPC), como sigue:

De los días previos al festival, los de los conciertos en la sala Apolo, destacar a los americanos Dalek, con un hip-hop cercano al mejor DJ Shadow aunque perdieron lustre al no traer a su sección rítmica; y a los italianos ZU, un trío se diría que infernal, dada su potencia percusiva, los trallazos de su bajo y las punzadas de su saxo tenor. Fantásticos en directo.

JUEVES

Metidos ya en el festival en sí mismo, el jueves por la tarde pudimos ver a los míticos neozelandeses The Bats, que no sonaron tan míticos al hacer un set demasiado pulcro, centrándose en su último trabajo. Pese a todo, se mostraron comunicativos y justificaron la inclusión del nuevo escenario, el Rayban-Vice en una de las zonas más apartadas del recinto. Marnie Stern puede ser una friki, pero en directo su rock garajero con poso de guitar-hero no sonó nada mal, aunque deberá esforzarse para dejar huella. Ya en el escenario Rockdelux, los escoceses The Vaselines dieron una muestra sólida de madurez y estilo, haciendo bueno el dicho de “quien tuvo retuvo”, sonando igual de bien, casi 20 años después de haberse separado. Buena muestra de ello fue el final con “You think you are a man”, dejando un muy buen sabor de boca al respetable.
Después de un parón merecido, nos dirigimos al escenario principal, el Estrella Damm, para degustar la obra de uno de los cabezas de cartel del festival. Yo La Tengo empezaron con su lado Noise para después quedarse con los asistentes al desvelar su lado más Pop. Clásicos del grupo como “Autumn Sweater”, “Stockhlom Syndrome” o “I’m not Scared of You and I can Kick Your Ass” sorprendieron dentro de un set-list, como es habitual en el combo americano, impredecible. Quizá el concierto más equilibrado del festival.

Andrew Bird se mostró como un músico seguro de sus habilidades técnicas, tocando todos los instrumentos, pero se preocupó de poner sustancia a su repertorio, logrando una de las primeras sorpresas del festival, con un llenazo absoluto en el escenario Rayban-Vice. Menos sorprendentes fueron los esperadísimos My Bloody Valentine, quienes ni en este primer concierto, al aire libre, ni el que ofrecieron al día siguiente en el Auditori, llegaron a convencer a todos aquellos que los querían ver con ansia. Quizá demasiado ruido, quizá ruido demasiado alto, quizá temas algo impenetrables o que, sencillamente, son aburridos a matar (logrando que nuestro redactor, Abel Cruz, se quedara dormido en el recital del jueves… Sí, sí, como lo leéis), el cuarteto inglés no es que decepcionaran pero parecieron no ofrecer lo esperado.

Para acabar la jornada del jueves, Aphex Twin recordó porqué es uno de los últimos innovadores de la música electrónica, aunque con un set más pulcro que de costumbre; y The Horrors convencieron y se quitaron el sambenito de ser un simple hype, con un nuevo repertorio más denso y oscuro que el de su primer largo “Primary Colours”.

VIERNES

En el Auditori, Damien Jurado logró que la jornada empezara muy bien, con un concierto discreto, sensible y más alegre de lo que nos tiene acostumbrados, cosa que el público que abarrotó el recinto le agradeció encarecidamente. Jason Molina y sus Magnolia Electric Co., una vez recuperados de la pérdida por accidente de su anterior bajista, ofrecieron temas de su carrera como esta formación (ya sabéis que Molina ha editado algunas cosillas por su cuenta y bajo el epígrafe Songs:Ohia), que recordaron al Neil Young menos conocido y más cercano a las melodías eléctricas. Bajo un sol de justicia, el americano no perdió el temple (eso seguro) ni el buen humor.
Como no nos gustan los grupos pesados, no fuimos a ver a los sobrevalorados Bat For Lashes, decantándonos por Spiritualized. Jason Pierce ha vuelto de entre los muertos (bueno, casi) y su receta de rock, psicodelia, soul y densidad sonó como siempre, si bien con algo más de claridad y menos distorsión. Al acabar el concierto, la sensación generalizada que quedó fue que se ha de agradecer al Santo Padre, a la Virgen de la Cabeza o a la Gripe A por no haberse llevado a semejante personaje, dejando que disfrutemos de él unos cuantos años más.

Justo después de Spiritualized, la disparidad de opiniones con The Pains Of Being Pure At Heart. Siguiendo al trío femenino The Vyvian Girls, que sonaron muy bien y pusieron a todo quisque de buen rollo con su pop urgente y directo, los Pure at Heart estos sonaron o bien repetitivos y faltos de pegada con respecto al disco (para dos tercios de los redactores de LPC) o bien muy chulos, frescos y enérgicos (para el otro tercio de los miembros de LPC desplazados al festival). Solo el tiempo dirá si valen la pena de verdad. En el mini-escenario MySpace, Love of Lesbian demostraron porqué su nuevo larga duración “1999” es, casi con toda probabilidad, el mejor disco del año. Y nos gustaría saber por qué carajo la organización no les ha invitado nunca más desde la edición de 2004.

Sunn O)))) fueron la oveja negra del evento. No se parecen en nada a ningún grupo que toco en el Primavera 2009 y su concierto fue la constatación de que, si Earth son la música de la creación (como les bautizó un rotativo inglés) y Throbbing Gristle son la música de las pesadillas (como se les bautizó en esta página en la edición de 2008 de este evento), Sunn O)))) son la música del inframundo y la destrucción. ¡45 minutos de drones, acoples y acordes alargados hasta lo indecible que dejaron al público con ganas de más! Flipante.

Jarvis Cocker fue el contrapunto Pop entre tanto grupo ruidoso, presentado su nuevo largo y con una banda excelente que permitió que el inglés sacara el showman que lleva dentro. Hemos dicho “grupo ruidoso”, porque después de Sunn O)))) tocaron en el escenario ATP, una de las bandas más reconocidas de las antípodas, los australianos The Drones quienes, aún mostrando sus credenciales garajeras, apostaron por desarrollos musicales bastante largos y cargados de electricidad y unas gotas de psicodelia que convencieron mucho más que sus discos.

Si un grupo “residente” hay en el Primavera Sound, ese es Shellac, los cuales volvieron a ofrecer un set muy similar al de visitas anteriores pero, ¡OH MILAGRO! Que sigue funcionando igual de bien. Y creemos que es el único caso de este tipo: tocar casi lo mismo y hacer lo bien, bonito y que no aburra... Bloc Party sonaron bien, pero parece que en vivo tienden a asegurar demasiado el tiro, tocando temas archiconocidos de su repertorio, sin arriesgarse a hacer nuevos arreglos o mejorar los que fallan. Además, a ratos sonaron atropellados, como en “Ares” el mejor tema de su último disco, lo cual les restó efectividad. Además no tenemos la sensación de que su música con escenarios tan grandes como el Estrella Damm, el principal del Primavera Sound, se adecúe a su sonido, ya que los temas del grupo no son tan expansivos como, pongamos, los de Editors.

SÁBADO

Alela Diane es uno de aquellos nombres de los que hablábamos en la intro de este escrito, que dan calidad y calidez al festival. Con una banda curiosa, en la que destacaba su propio padre (el cual se ganó muchos años la vida en una especie de grupo de tributo a Grateful Dead), la americana desbordó simpatía y buen hacer, logrando que el último día de festival empezara con buen pie. Plants and Animals, encuadrados en el escenario Pitchfork sorprendieron en el sentido de que se les ha comparado con cierta insistencia con Arcade Fire pero, nada más lejos de la realidad. El trío, haciendo buen uso de la imaginación, quitó volumen a sus canciones convirtiéndolas en enjutas viñetas, áridos pasajes realizados solo con dos guitarras y la batería, que a ratos se convertían en un torrente sonoro apabullante, dando una imagen muy diferente a la de su referencia más reciente, “Parc Avenue”, donde su folk de tintes épicos parecía harto enclaustrado.

The Jayhawks recuperaron su formación clásica de mitad de los 90, con Gary Louis y Mark Olson, facturando un buen recital de folk-rock aunque quizá faltó algo de chispa hacia el final. Por su parte, Jesu llenaron de una atmosfera opresiva y onírica el escenario del ATP, con una formación minimalista, con Justin Broadrick, a la guitarra y samplers y Ted Parson al bajo. No son un grupo de festival, pero dejaron patente que las ganas y la inspiración no se acabaron en Godflesh, su anterior combo.

Y el festival en pleno se paró para ver a una leyenda viva, por años, creatividad, actividad e influencia. Neil Young ofreció su primer concierto en Barcelona, un bolo muy anticipado y que no defraudó en absoluto. Cayeron temas no clásicos, HIPER clásicos, con un arranque arrollador con “Mansion in the Hill” y “My, My, Hey, Hey”, cayendo otros temas eléctricos como “Spirit Road” o “Cortez The Killer” e incluso cortes más suaves y melancólicos como una fantástica “Needle and the Damage Done” tocada únicamente con una guitarra acústica o “Oh Mother Earth”, tocada sencillamente con un órgano. La recta final fue coto privado de “Down By The River”, “Get Behind The Wheel” y la inevitable pero necesaria en estos tiempos extraños “Rockin’ in a Free World”. Y el bis del concierto más importante de la edición 2009 del Primavera Sound fue la versión del, considerado por muchos, mejor tema de la historia de The Beatles “A Day In The Life”, con un final apoteósico, con las cuerdas de la Gibson Les Paul de Young arrancadas de cuajo. Memorable.

Sonic Youth, a la sazón teloneros de Neil Young a principios de los 90, estrenaban formación con el exPavement Mark Ibold al bajo, mientras que Kim Gordon alternaba bajo, guitarra y pose de popstar. El grupo promocionaba su inminente nuevo disco “The Eternal” y cayeron varios de los mejores temas, como “Likey Lifeboat”. Y aunque parte del minutaje fue consagrado a temas de “Daydream Nation”, disco que tocaron en su totalidad en la edición de 2007 del Primavera, no se olvidaron de sus seguidores más acérrimos, regalándoles “Expressway to yr Skull” y una inesperada y tensa “Tom Violence”. Sin ser el mejor concierto del festival, fue un final de fiesta de altísimo nivel.

Una vez más, el Primavera Sound Festival fue un claro ejemplo de sensatez, ánimo por descubrir nuevos sonidos y grupos y buena organización, en un momento en que no se pueden hacer demasiados malabarismos ni estéticos, ni de presupuesto. Como apunte final, comentar que esta edición quizá haya sido, con casi toda seguridad, la última edición en que se verán conciertos en el Auditori, gracias a los honorarios que exige la empresa que lo gestiona. Eso significará que la próxima edición del invernal Primavera Club, a celebrarse a principios del mes de diciembre, recibirá una extensa reorganización y ese será un buen momento para ver la verdadera capacidad de acción de los responsables del mejor festival a nivel estatal.

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