Hasta con Chaikovski

Jacobo Zabalo 25-11-2010

Markus Werba, barítono i Dagmar Pecková, soprano

OBC; Pablo González, director

L'Auditori, 13 de noviembre de 2010

-La Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya depara sorpresas agradables cada fin de semana, instalada como se encuentra en una dinámica portentosa, en un nivel de excelencia que -sorprendentemente- ha dejado ya de ser noticia. Parece incluso empeñada en acabar con algunos de los prejuicios que rodean a determinados compositores. Su interpretación de la primera sinfonía de Chaikovski, sin ir más lejos, fue todo un alarde de precisión y compromiso. Se ofreció una versión alejada de todos los tópicos en torno a la compleja personalidad del ruso y -sobre todo- del exceso de almíbar con que, para asegurar el tiro y seducir a buena parte de los auditorios, se acostumbran a servir sus de por sí almibaradas composiciones.

Ya en la primera parte del concierto se había presenciado una interpretación más que satisfactoria del ciclo de canciones Des Knaben Wunderhorn, que Gustav Mahler extrajo de la antología de temas populares elaborada a principios del XIX por Clemens Brentano. Se aprecia en muchos de ellos el tono marcial, que el joven Mahler comunica a través de una orquestación militar, por momentos paródica. El ciclo cuenta asimismo con momentos delicados, desprendiéndose del conjunto una sensación agridulce, entre risible y trágica, como tal profundamente desasosegadora. El barítono Markus Werba tuvo una tarde poco destacable, puede decirse que cumplió sin mucho lucimiento con su parte; mientras que la soprano Dagmar Pecková se entregó en cuerpo y alma, interpretando con arrojo y sensibilidad temas tan cargados de sentido como Das irdische Leben o Urlicht, canción que cierra el ciclo y que Mahler empleó asimismo en su segunda sinfonía, apodada -como se sabe- "Resurrección".

La gran versión de una de las sinfonías menos conocidas de Chaikovski tuvo lugar después de la pausa. Por azares de la vida, y de forma completamente involuntaria, el sentido de esta sinfonía, que se ha venido a conocer como "Sueños de invierno" (de acuerdo al lirismo nórdico del primer movimiento, el Allegro tranquilo que lleva el título completo de "Sueños de un viaje de invierno") pudo ampliarse gracias a la presencia en la memoria de quien escribe estas líneas de una lectura reciente, que el propio Chaikovski quizá conoció. Se trata de La tormenta de nieve de Lev Tolstói (editorial Acantilado, 2010), en que se describe con maestría la  travesía errabunda de un trineo perdido en un desierto blanco, travesía que se ve interrumpida con un sueño del narrador, dormido por los efectos de la incipiente congelación. Tras despertar de la ensoñación primaveral (que conserva toques siniestros, aspectos del sueño que remiten al escenario de pérdida, en medio del hielo) el paisaje avanza y siempre es el mismo, insoportablemente blanco a pesar de los recuerdos y del intercambio de impresiones monosilábicas con otros pasajeros. En paralelo a este discurrir, la indicación del segundo movimiento de la primera sinfonía de Chaikovski reza "Tierra de desolación, tierra de brumas". Tras un scherzo discreto, el Finale derrocha alegría, por no decir excitación. Lo hace notar de modo exagerado la fanfarria que culmina la sinfonía, como si después de mucho esfuerzo, después de divagar por derroteros y escenarios lúgubres se hubiera llegado a buen puerto.

Ciertamente no hay una descripción lineal -ni por supuesto literal- en esta ambiciosa sinfonía, pero sí un periplo iniciático lleno de evocaciones, semejante a lo realizado por Mahler con su primera gran obra orquestal, la sinfonía "Titan" (que se inspiró en la homónima novela de Jean Paul). Difícilmente encontraremos dos compositores que siendo coetáneos se muestren tan alejados; y sin embargo es curiosa la coincidencia que se da en las obras que inauguran sus catálogos sinfónicos. Coincidencia en absoluto temática o estilística, fundamentada en cambio en la necesidad de narrar sin palabras una evolución, buscando consagrarse ellos mismos como compositores de piezas a gran escala. Pero volviendo al Auditori, tras la acertada versión del ciclo Des Knaben Wunderhorn (en lo que fue el segundo episodio del tríptico vocal dedicado a Mahler), Pablo González realizó una lectura clarividente de la obra de Chaikovski; una versión detallada y atrevida, que además de provocar un aplauso prolongado por parte del público permitió comprender a más de un descreído -entre los que me incluyo- que la búsqueda personal de este compositor dio algunos frutos interesantes, más allá de las tan populares y languidecientes melodías.

Comentaris

Encara no hi ha comentaris. Fes el primer!

L'enquesta

Carregant...

Em critiques?

Fas un concert i t'agradaria que un dels nostres crítics vingués a escoltar-lo? Omple el formulari!