Sin trampa ni cartón, sin trucos baratos

Abel Cruz Ayuso 29-11-2008

Mark Kozelek
Sala Be Cool, 29 de noviembre de 2008

De vez en cuando, no está de más desconectar. Los conciertos de pop, en general, sirven para eso: para entretener, fundamentalmente. No obstante, me da la impresión de que, hoy en día, muchos grandes artistas son solo eso, grandes animadores. No cuesta mucho ver un buen concierto (muy malo ha de ser un grupo para ser malo en directo, con la excepción de Elefantes u Oasis), pero cuesta horrores pagar una entrada para presenciar una actuación y quedarte atontado, una vez acaba el bolo, porque el artista sepa hacerte desconectar del tiempo y el lugar en el que estás. Muy poético… Tope de poético, si me apuráis, pero ¿a que tengo razón? Y no hace falta tener un pedazo de grupo para lograrlo. Built To Spill pueden hacerlo, por ejemplo, aunque a veces apetece relajarse y disfrutar de una dosis de minimalismo.

Mark Kozelek volvía a Barcelona con ganas de hacer un concierto sencillo y sin complicaciones, haciendo que el público fuera participe hasta en el hecho de escoger algunos de los temas que el vocalista y guitarrista americano tocaría esa noche. Con la única ayuda de una guitarra española y un perpetuo eco en la voz, Kozelek empezó su actuación con "Tiny cities made of ashes", adelantando una delicadez y un sentimiento de tranquilidad y melancolía, que se alargaría durante la hora y tres cuartos que duró el concierto. A esa canción siguieron muchas otras, tanto suyas, como de sus otros proyectos, Red House Painters o Sun Kil Moon, como “"Tonight the Sky", “"Space Travel is Boring", “"Lucky Man", "Trucker's Atlas" o una preciosa versión del clásico de "Stephen Sondheim, “Send in the Clowns"”.

En algún momento, tuvimos la impresión de que las canciones se parecían mucho unas a otras, sobre todo, porque Kozelek las adaptaba a su guitarra con un mismo estilo de punteado. Aunque, por otro lado, lograr la sensación, a ratos de inmensidad y a ratos de intimidad que el músico quiso recrear, era imposible hacerlo con un solo tema. Tímido, cercano, divertido y con un gran dominio de la guitarra, Mark Kozelek demostró que la diferencia entre un buen concierto y un concierto para recordar, estriba en el oficio, la habilidad, la armonía y la sensibilidad. Sin trampa ni cartón, sin trucos baratos, con honestidad.

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