Entrevista a José Cura

Ofèlia Roca 10-10-2007

Aquesta nova producció d’Andrea Chénier presentada al Liceu després de molts anys d’absència, ens trobem al repartiment un dels cantants mes importants del panorama actual operístic. Es tracta de José Cura. Un home compromès amb la seva professió i amb l'època actual en que vivim.


¿Cómo es la vida diaria de un cantante de ópera?
José Cura. Como la de cualquier persona, me imagino. No se, como yo soy un caso muy atípico no puedo dar una opinión muy fehaciente. Quizás el cantante que solo se dedica a la ópera tenga una vida más ordenada, más aséptica en el sentido de cuidarse más. Personalmente, como me dedico a muchas cosas como la dirección de orquesta, a la composición, la administración de mi propia empresa, mi vida es bastante complicada. Como anoche hubo función hasta tarde, hoy podría haber dormido hasta el mediodía pero ahora me voy a Madrid porque hay revisar unos contratos y tengo unas reuniones de trabajo para discutir unos proyectos que tenemos que hacer en breve. Si el día tuviera 29 horas igual no me alcanzaría. Esta pregunta tienes que hacérsela a un cantante de ópera… (risas).

¡Eres un cantante de ópera…! ¿Cual es la parte negativa de tu trabajo si es que la hay?
Todo trabajo tiene sus aspectos negativos. En el mío, por ejemplo, se tolera "muy poco" la osadía de ser querer ser tu mismo, de crear, de darle tu propia lectura a un personaje. Para tranquilidad de muchos… tendrías que ser como tal o cual artista anterior que a la gente le gustó. Es una cosa bastante extraña de manejar objetivamente. Una de las críticas de Andrea Chénier decía que Cura es un Andrea Chénier muy suyo, muy Cura, y yo me dije: ¡me imagino que esto es positivo! ¿No?.

¡Sí que lo es!
Aunque no sé si fue escrito con ánimo positivo, para mi lo es, y mucho. Si escribieran que Cura es un Andrea Chénier muy Domingo o muy Carreras, mal para mi porque no habré hecho nada nuevo, y mal para Plácido o José porque para evitar riesgos lo estaría copiando. Creo que hay una gran parte el teatro de ópera que todavía tiene que hacer sus cuentas respecto del paso del tiempo. El público de prosa no va mas al teatro queriendo ver actuar como hace 40 años… Los actores de prosa que hicieran eso serían vistos como pésimos profesionales. Si le pedimos a los cantantes que canten como Caruso, sería como si a los actores les pidiéramos que actuaran como Sara Bernhardt… Reiríamos seguramente pues eran otros tiempos y lo que entonces era genial hoy es cómico. Me preguntaban el otro día en un programa de televisión cual era mi concepto de la libertad. A parte le estrechez del ejemplo, el reivindicar el hecho de que como artista y como persona tienes la obligación de decir la tuya es un concepto de libertad. El problema es que vivimos en un mundo en el que decir lo que uno piensa es una cosa peligrosa, no solo en el teatro si no también en la vida social cotidiana. Vivimos en una sociedad en la que se pretende para que las personas callen, sigan y obedezcan. Cuando uno se levanta y opina, incide, es socialmente inconforme y actico por ello (interpretar un rol es opinar sobre él), mejor tenerlo contra el muro no sea que se lo crea, o peor, que se lo crean... Hoy en día los jóvenes tienen una crisis tremenda para tirar adelante por la misma razón. Eso se ve muy claramente reflejado en la política que, muchas veces por razones más lamentables que dignas de encomio, es una de las vidrieras más “vistosas” de nuestra civilización. Los “divos” de hoy en día son los políticos… Pero si hasta firman autógrafos! Volviendo a la pregunta, me gano la vida con una profesión hermosa. Esto hace “casi” olvidar aquello de negativo que por fuerza siempre hay.

Te llaman el cantante director ¿qué pasión empezó antes?
No se trata de pasión, si no de profesión. Apasionarse es muy bonito pero te hace perder la objetividad muchas veces; corazón caliente mente fría, esa es la clave para sobrevivir. La dirección de orquesta es la profesión con la que convivo desde hace más tiempo.

¿Desde antes que cantar?
Me forme como director y compositor. La primera vez que subí a un podio tenia 15 años, en cambio, la primera vez que canté como profesional, con un contrato seriamente pagado, tenia 28, 29 años.

Pues empezaste a estudiar canto a raíz de estar dirigiendo.
Sí; como un complemento a la carrera de dirección, así como estudiaba otros instrumentos. Empecé a cantar haciéndolo en coros semiprofesionales sin una técnica vocal definida. Cuando finalmente empecé a vocalizar y descubrí que tenía buena voz (risas) me dije: ¡anda, mira por donde!

Cuando cantas, ¿piensas dirigiendo y diriges como si cantaras?
Cuando dirijo fraseo como un cantante. Yo creo que el cantante tiene la suerte de ser el mismo el instrumento y el instrumentista. Por gran “fraseador” que sea un instrumentista no deja de hacerlo con un instrumento excorpore. El cantante, en cambio, frasea con su propio cuerpo y eso es un privilegio que si logras transmitir a los músicos de orquesta que tienes delante hace una gran diferencia a la hora del resultado final.

Háblanos del personaje de Andrea Chénier que tanto has interpretado desde los inicios de tu carrera y de las dificultades que comporta este papel al tenor que lo canta.
Tiene dificultades enormes vocalmente hablando, porque es un papel que está bastante mal escrito. Giordano era un gran melodista; de hecho lo que más sorprende en Andrea Chénier es justamente eso: ese desgranar de melodías increíbles unidas, lamentablemente a veces, por momentos de gran caída de inspiración. Cuando la melodía no era lo principal, a Giordano se le caía un poco la estructura compositiva. Quizás por eso no se le considera un genio al nivel de Verdi o Pucini. Su melodismo es a veces tan sorprendente que puede hasta impresionar más que Verdi o Pucini mismos, pero un poquito se queda en eso, y esto dificulta mucho la interpretación. Hay momentos en donde la obra funciona por si misma y otros donde hay que levantarla con trabajo escénico y de interpretación. A veces tengo la impresión que Giordano razonaba más como un instrumentista que como un cantante; por eso sus líneas son a veces muy “instrumentales” en sus tesituras y extensión con la dificultad que ello comporta al cantante. Dicen que cuando Giordano iba a ver una premiere suya, al salir decía: ¡Dios mío, que he escrito. Pero si esto no se puede cantar! A raíz de esto llego a marcar en las partituras anotaciones de cortar algún trozo o bajarlo de tono si necesario. Pero si esto pasa en obras de repertorio como Andrea Chénier, no te puedes ni imaginar lo que es cantar óperas raras de Giordano como Siberia. La escena principal del tenor (te lo puedo asegurar porque la he grabado) es masacrante. No quiero ni pensar lo que debe ser cantar toda la ópera. Durante un tiempo se hizo mucho Fedora porque Domingo y Carreras la cantaban mucho, yo mismo hice muchas funciones de Fedora; luego se dejo de hacer. Casi exclusivamente, el Giordano que se hace es Andrea Chénier.

En el Liceo no se hacia desde la temporada 1985-1986.
Se hace poco pues, como decíamos, es vocalmente muy dura y no hay muchos cantantes que la tengan en repertorio. La parte del barítono es la mejor de la obra, la más interesante dramatúrgicamente hablando, pues teniendo varios colores, evoluciona como personaje a lo largo la ópera. En cambio, Maddalena es una soprano Lírico-spinto "normalita", en el sentido que no tiene grandes escollos vocales (no más que los de otras óperas del genero, quiero decir), con una gran aria que es muy famosa por haber sido música de la película Filadelfia. El tenor es tremendo del punto de vista vocal y quizá por eso se haga tan poco ésta obra. Aunque en el Liceo hay cantidad de funciones con tres elencos diferentes, los tres son excelentes. Bueno, hablando del tenor, mi reparto es un poco menos bueno que los otros…

¡A mí eso no me lo parece! Todos los papeles que interpretas deben aportar algo a tu persona, ya que te metes en su piel y en su psicología. ¿Hay alguno que aprecies más por alguna razón?
Bueno, que aprecie porque se mete en mi persona y me haga bien, casi ninguno… La mayoría de los personajes que interpreto son humanamente tremendos: el que no es un traidor (como Otello), es un degenerado (como Pinkerton) o un vendido (como Radamés) o un borracho violento (como Canio); no es que me sienta muy identificado… Quizás los dos personajes con los que me se siento mas identificado, desde el punto de vista de la personalidad, son Andrea Chénier y Mario Cavaradossi: dos personajes similares, que se levantan defendiendo lo suyo y mueren por ello. Las historias se parecen, la estructura formal de las dos óperas (Chenier y Tosca) es muy parecida también: la ubicación de las arias, el contexto de los dúos, son prácticamente idénticos. Las arias E lucevan le stelle y Come un bel dì di maggio, son “hermanas”… Pero, aunque Come un bel dì es la hermana “mayor” porque que Andrea Chénier es anterior a Tosca de unos 4 años, Tosca es la obra maestra sin fisuras que no es Andrea Chénier. Chenier y Cavaradossi, ambos son personajes positivos en el sentido humano: mueren por aquello en que creen. Quizás por esto me sienta identificado con ellos. Aunque sin ningunas ganas de morir en sentido literal, mueres a diario cada vez que sales al escenario a hacer las cosas como crees que las tienes que hacer, reivindicando tu derecho a ser “tu mismo”. Y así como en Chenier la guillotina sella la muerte del poeta, al final de un espectáculo la aprobación o no del público son, analógicamente, la guillotina que podría marcar la diferencia… Esta espada de Damocles es quizás uno de los momentos más crítico para un artista. El teatro no es una cancha de fútbol para liberar frustraciones, si no un lugar de encuentro para intercambiarse mensajes culturales. Si no te gusta no hace falta pitar al final, basta callar o, si ya sabes de que va de antemano (porque conoces – y no te gustan – a los artistas o porque se promocionó debidamente la producción en los medios) simplemente no vengas: Tanta de la gente que pita, luego viene a pedirte autógrafos… hay mucha morbosidad!

¿Hay nuevos personajes para introducir en tu repertorio?
Ya estoy estudiando El Cid de Masenet. Ayer empecé a meterme en el libreto y a salir a buscar un poco de material sobre el Cid aprovechando que en España es donde más abundan los documentos sobre este legendario personaje.

Tú te informas sobre la época y la historia de las óperas que cantas?
Sí, cuando son óperas con argumentos y personajes cuya connotación histórica puede influenciar la interpretación.

¿A habido algún proyecto musical que has abordado que ha sido un verdadero reto?
Todos, porque el momento que subes al escenario es siempre un reto, estas siempre a prueba. Los cantantes jóvenes dicen que es muy pesado empezar a audicionar para que te den un papel. Comparado con la presión de tener que “audicionar” cada vez que subes al escenario, no ya para una persona si no que para mil o más, aquello termina siendo un paseo…

¿Cómo ves el mundo operístico actual y como crees que tendría que ser su futuro?
El momento operístico actual esta en gran crisis. Pero no en crisis de voces. Es evidente que no hay voces como las de antes, hay las de ahora: mejores por mil razones y peores por otras tantas; como siempre ha sido. El futuro de la ópera pasa, creo, por que artistas y público se decidan de una vez por todas de meter la ópera en aquella revolución en las que ya se metió el teatro de prosa hace años. Se tiene que acabar con la pose, el manierismo, la “platealidad”. Meter el teatro de ópera en una dimensión interpretativa nueva. Analizar los personajes y vivirlos, ya no sólo desde un punto de vista histórica, sino también a la luz de los conflictos sociales actuales: Un ejemplo que doy a menudo pues es de candente actualidad es que, nos guste o no, no se puede interpretar más Otello como hace 50 años. Ni siquiera como hace 10. La interpretación de este personaje emblemático cambió desde el 11 de septiembre del 2001, día que marco el inicio de la crisis actual de fundamentalismo, no solo musulmán, sino también occidental: que sea con turbante o con traje y corbata, la cosa no cambia. Hay que releer las óperas a la luz del contexto en que estamos viviendo. Las nuevas generaciones están cambiando y luchando a riesgo - antes de salir al escenario nunca sabes si esa noche es la que toca pitido – pues todo cambio implica riesgo y eso supone que no gustar a todos. Sin embargo, si no empezamos con el cambio, cuando haya pasado la generación de público actual, se tendrán que cerrar los teatros. La nueva generación de público joven razona con otra mentalidad; es gente “hija” del cine, las tecnologías informáticas que cuando se acerca a la ópera se encuentra con un anacronismo artístico tan fuerte que ya no les atrae regresar. Un teatro sin público es un teatro cerrado.


Link d'interès: pàgina web de José Cura

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