"Creo que los prejuicios no favorecen al arte ni a las personas"

Jorge Arena 20-08-2011

Alba Guerrero, cantaora y compositora

-¿Adónde se remontan tus orígenes flamencos?

Nací en Huelva. Mi padre es de Huelva y mi madre de Archidona (Málaga) y supongo que esa circunstancia tiene cierta influencia sobre mí. En casa se escuchaba mucha música, no sólo flamenco, sino clásica, mucha bossa nova (mi padre tocaba la guitarra y cantábamos juntos), también los Beatles,  Kiko Veneno... de todo un poco. Durante la adolescencia aprendí a bailar sevillanas en el patio del colegio en Huelva y cuando salíamos con la pandilla siempre terminábamos cantando fandangos, aunque yo era de las que menos cantaban.

Quiero decir con esto que había un trasfondo musical, pero que yo no he crecido con un ambiente flamenco en mi casa. La afición me ha venido a mí por gusto. Recuerdo en el instituto, ya en Barcelona, que tenía mis cintas de casete grabadas con Led Zeppelin por una cara y Lole y Manuel por la otra: un reflejo de mis gustos.

 

¿Qué era lo que más escuchabas?

Al principio escuchaba sobre todo Camarón, Lole y Manuel, Paco de Lucía, Veneno, Pata Negra, Triana, Ketama, La Niña de los Peines, José de la Tomasa y Enrique Morente. También me gustaba la rumba de los Chichos, los Chunguitos, las Grecas o Parrita. Cantaba encima de la música de los discos y soñaba con cantar con Pata Negra, con los hermanos Amador.

Con veinte años más o menos conocí a un gran aficionado, Antonio Vargas, que tenía un bar en Gracia llamado El Galpón Sur. Él me guió en el conocimiento del cante. Yo quería conocer los estilos y las escuelas y él me empezó a grabar cintas con los maestros: Pepe el de la Matrona, Carmen Linares, El Arenero, Menese, Mairena, Chocolate, etc.

 

¿Cuándo empezaste a cantar?

Yo ya hacía mis pinitos cantando con los amigos, al principio como aficionada, para divertirme, hasta que poco a poco fueron saliendo bolos en diferentes locales y bares.

Por aquel entonces yo estudiaba Imagen y Sonido y trabajaba de técnico de sonido y de microfonista. Lo del cante era una afición, algo que me gustaba muchísimo.

 

¿Qué hizo que quisieras convertir tu afición en profesión?

Recuerdo cuando me di cuenta de que el cante era lo que más me gustaba en la vida. Fue en Huelva, un Fin de Año en el que pasamos toda la noche cantando en casa de unos amigos: una juerga flamenca, vamos. Allí coincidimos varias personas que ya no vivíamos en Huelva y que en la actualidad, con el paso del tiempo, nos dedicamos todos al flamenco profesionalmente. Esa noche entre cantaores, guitarristas y aficionados decidí que eso era a lo que me quería dedicar.

 

¿Cómo empezó tu formación?

Tomé clases de baile y el guitarrista que tocaba en las clases me animó a cantar. Montamos un grupo. Yo cantaba algunos palos y quería aprender más. Me enteré de que en Sevilla había una escuela donde el maestro Naranjito de Triana enseñaba los cantes y me fui para allá en 1999. Estuve un curso entero, y luego volví al año siguiente.

Recuerdo esos dos años en Sevilla como los más felices de mi vida. Por un lado en la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco aprendía los cantes con Naranjo; con Manuel Soler aprendía a tocar las palmas y a cantar para el baile en las clases de Yolanda y Eduardo Rebollar. Estudié Historia del flamenco con Pepa Sánchez, Antropología, Historia de la música en Andalucía... en fin, una formación, muy completa que ya no se ofrece.

 

¿Qué es lo que más valoras de esa experiencia en Sevilla?

Con Naranjo aprendí a respetar las melodías clásicas del flamenco, los cantes "como son". Él convivió con Mairena, conoció a La Niña de los Peines y Pepe Pinto, trabajó con Manuel Vallejo... o sea que fue una persona importantísima en el flamenco porque vivió la época de la Ópera flamenca y luego el mairenismo. Presenció ese cambio y nos contaba muchísimas historias de su carrera. Era muy interesante, se aprendía mucho con él. Además era una persona entrañable, encantadora, respetuosa y amable: todo un referente para mí.

Por otro lado, en Sevilla había y sigue habiendo flamenco en directo todos los días, así que me hinché de ver recitales, actuaciones, bolos, festivales y todo lo que pude.

 

¿Y una vez en Barcelona?

Después de los dos años en Sevilla, volví a Barcelona y empecé a trabajar en los tablaos. En Tarantos, en El Tablao de Carmen y en El Cordobés. También trabajaba mucho fuera, en Italia, en Holanda, Marruecos... Estuve así cuatro o cinco años y empecé a tomar clases particulares con Chiqui de la Línea. Cuando me dijo que daba clases en la ESMuC (Escola Superior de Música de Catalunya) me preparé para entrar y pasé los exámenes de ingreso.

Es curioso lo fácil que resulta todo cuando uno toma las decisiones correctas en la vida; parece que se te presenten las oportunidades en el momento preciso. Así me ocurrió cuando decidí estudiar una carrera de música. Yo no sabía nada de lenguaje musical y un día hablando con Luis Cabrera, el director del Taller de Músics, me ofreció la posibilidad de becarme para estudiar allí. No lo dudé, y desde entonces no he dejado de estudiar.

 

¿Cómo ha ido creciendo tu instrumento: la voz?

En el cante flamenco es difícil que te enseñen técnica; se trata de un proceso más bien autodidáctico. Estuve un tiempo utilizando mal mi voz y me tuvieron que operar de un pólipo. Después estudié varias técnicas (Voicecraft, técnica hindú, algo de clásico para el apoyo), de manera que me he ido forjando una técnica propia adaptando todos estos conocimientos al cante.

La técnica para el flamenco es particular de este estilo. Pueden servir algunos aspectos de otros estilos, como el apoyo o el belting, pero el sonido que se busca es flamenco. Esto significa que la voz siempre está sujeta o agarrada; además nunca es impostada, siempre se canta con voz natural.

Actualmente sigo estudiando la voz en el flamenco porque hay cosas que siguen siendo un misterio para mí.

 

¿Qué hace una cantaora flamenca publicando un artículo sobre la técnica vocal en el flamenco? De entrada sorprende.

Yo creo que lo he escrito para mí: para ordenar los conceptos que tenía y para tratar de entender cómo funciona el aparato fonador en el cante. Como he dicho antes, es difícil que te enseñen la técnica para cantar flamenco y los cantaores y cantaoras estamos necesitados de conocer y de entender el funcionamiento de nuestro instrumento. 

He tomado algunos conceptos de otras disciplinas vocales, como el canto lírico o el Voicecraft, para explicar los parámetros comunes a todas las voces cantadas, como por ejemplo el vibrato o la respiración. Pero es cierto que el cante flamenco tiene sus propios conceptos como la velocidad, el peso o el quejío. En el artículo he intentado definir estos términos.

 

¿Qué te mueve a crear temas propios?

Como artista, necesito trabajar la creatividad. Desde mi punto de vista, es lo más divertido e interesante: descubrir lo que te gusta y lo que eres capaz de crear o de cantar, ya sean melodías, arreglos o ideas para espectáculos. Para mí esta es la razón última del artista.

En mi caso, encuentro muy necesario tener una base sólida del cante flamenco clásico: conocer los cantes, las escuelas y las diferentes técnicas, ya que con esta base se puede elaborar un lenguaje propio.

También es interesante conocer la guitarra, que es el instrumento principal de acompañamiento al cante y que supone una herramienta indispensable para cantar y para componer.

 

Si te encontraras una varita mágica con la que pudieras hacer desaparecer ciertos tópicos del flamenco, ¿por dónde empezarías?

Hay varios hits, como por ejemplo: "el  flamenco es gitano" o "las mujeres no pueden cantar por seguiriyas". En general, creo que los prejuicios no favorecen al arte ni a las personas. Si se atiende a los trabajos de investigación más recientes acerca de los orígenes y la historia del flamenco, es fácil comprobar que el género es fruto de la sedimentación de muchas culturas (por lo tanto no es "puro") que durante siglos se han asentado en Andalucía. Así lo demuestran los flamencólogos Gamboa, Ortiz Nuevo, Steingress, etc.

El libro Flamencología de González Climent y el tándem Antonio Mairena-Ricardo Molina se encargaron durante años de difundir una idea basada en hipótesis, gustos e intereses personales, que ha sido tomada como la única verdad acerca del origen del flamenco. Las publicaciones más recientes demuestran, con rigor en la investigación, que desde la época del Romanticismo, el flamenco se ha ido codificando en varias etapas, siempre ligadas a los cambios sociales. Los agentes que han participado en la formación de este arte no pertenecen a un género ni a una raza, sino más bien a una clase social que se ha tenido que adaptar al gusto del público para poder ganarse el pan de una manera digna.

 

¿El duende... qué es?  

Alrededor del flamenco hay mucha literatura, mucha fantasía plagada de tópicos y clichés. El duende es uno de ellos.

 

Ahora, pues, una pregunta capciosa: ¿se pierde autenticidad en el flamenco cuando se hace fusión con otras músicas?

El flamenco ya nace con influencia de diferentes músicas. El folclore es una de las bases del flamenco, que después se desarrolla y se hace arte, lenguaje personal, pero en su nacimiento y codificación el flamenco recibe influencias del folclore, de música de Latinoamérica...

Ahora los estilos del flamenco, los palos, ya están codificados. Lo que se haga a partir de eso es responsabilidad de cada cual. A algunos les sale mejor y a otros peor.

Personalmente, creo que el resultado puede ser mejor si conoces la tradición en profundidad; en cambio si te quedas en la superficie suele ser más difícil que te salga algo interesante. 

 

¿Cómo crees que  incidirá la creciente institucionalización del flamenco y su pedagogía? ¿Se perderá su auténtica "esencia"?

Me imagino que con el flamenco está pasando lo que pasó con el jazz hace muchos años. Se está formando un nuevo perfil de músico flamenco. Éste sería un músico que puede hablar el mismo idioma que sus colegas de otros ámbitos, un músico que puede leer una partitura, que puede cantar algo más que flamenco, que puede enseñar flamenco a otros músicos y que se puede hacer entender con mayor fluidez. Yo pienso que todo esto es positivo.

Ahora bien, seguirá habiendo un trabajo personal muy importante. Quien crea que la escuela sustituirá otro tipo de espacios de aprendizaje creo que está equivocado. Cuatro años de carrera no son suficientes para formar a un profesional, esto ocurre en todas las carreras. Por ejemplo, en el caso del artista flamenco, tendría que pasar por un tablao para afianzar el ritmo, que es tan importante. Pienso que los estudios te dan unos conocimientos que completan la formación del músico, pero que en absoluto representan la base del aprendizaje del flamenco.

Comentaris

  1. Silvia Alaman (03-09-2011 20:09):
    Leyendo esta entrevista he aprendido sobre flamenco y ésto ha hecho que lo entienda y aprecie mucho mas.

  2. Julia Manzano (31-08-2011 18:08):
    El interés de esta entrevista creo que radica en mostrar que una cantaora puede ser artista creativa y, a la vez, investigadora y estudiosa de su arte. Ambos aspectos se interfecundan y ayudarán a situar el flamenco en el mismo plano de otras músicas, desterrando viejos prejuicios.

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