Jacobo Zabalo 10-04-2008
Las hechiceras. Poder y seducción en la ópera, de Jean Starobisnki
Akal ediciones, Madrid, 2007
“La ópera descubrió un placer nuevo en la mezcla concertada de lo imaginario y lo concreto, de leyenda rememorada y de proximidad sensible”. Incluida en el capítulo inaugural (‘Cantar, seducir’), esta afirmación representa una valiosa clave para la interpretación de la propuesta de Jean Starobinski, ensayista y autor de textos sobre literatura y poesía. En su incursión en el mundo de la lírica, el autor demuestra una sensibilidad excepcional, además de un conocimiento ejemplar de las fuentes. Así, los nombres de Jean-Jacques Rousseau, E.T.A. Hoffmann o Friedrich Nietzsche, hombres de letras y compositores, creadores e intérpretes todos ellos, desfilan junto a algunos de los principales promotores de la forma artística que conocemos como ópera.
Desde Monteverdi a Bartók, pasando por Rameau o Mozart, Jean Starobinski indaga en el poder que se desprende de la conjunción de texto y música. Conjunción en ocasiones milagrosa, como aquella que produjera una triada operística (Le nozze di Figaro, Don Giovanni y Cosí fan tutte) inigualada. No es casual, en este sentido, que el autor centre su estudio en la figura femenina, ni tampoco que dedique a la obra mozartiana una extensión prioritaria. Las heroínas de Da Ponte y Mozart reproducen el movimiento mágico entre lo posible y lo real; la confusión armónica entre lo que el texto dice y lo que se sabe, entre lo que suena y lo que se presiente. La dignidad otorgada por ambos a la mujer, sea cual sea su condición (desde la ingeniosa Despina a la emotiva Condesa), no hace sino enfatizar el aspecto trascendente de la sensualidad musical, tal como la concibió Søren Kierkegaard; aquello que hechiza al espectador y lo transporta más allá, gozosamente, aún a riesgo de perderse.
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